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Usar o no usar las herramientas basadas en IA en las aulas y la investigación

20/04/2026

Ulises Cortés

O judgment! thou art fled to brutish beasts,
And men have lost their reason.
W. Shakespeare

Usar o no usar las herramientas basadas en la inteligencia artificial, esa parece ser hoy la disyuntiva que nos interpela, como si la universidad misma se enfrentara a su propio soliloquio hamletiano. Las aplicaciones de la IA se han vuelto parte inseparable de nuestra cotidianidad: invisible cuando simplifica un proceso, abrumadora cuando amenaza con reemplazarnos. En las aulas y en los laboratorios, su irrupción nos obliga a replantear los cimientos de la enseñanza y de la investigación. Ya no se trata de decidir si debemos emplear herramientas basadas en la IA, sino de comprender cómo hacerlo sin traicionar el sentido ético y formativo que da legitimidad y razón de ser a la educación superior de excelencia.

Las herramientas basadas en la IA pueden actuar como aceleradores de la investigación. Permiten procesar grandes volúmenes de datos, detectar patrones ocultos y generar hipótesis que antes habrían requerido años, e incluso décadas. Sin embargo, ese potencial exige una reflexión profunda sobre la responsabilidad que asumen quienes las utilizan y la transparencia con la que deben usarse y comunicar su uso. La velocidad con la que la llamada AI4Science imprime al avance científico debe equilibrarse con la prudencia y el juicio crítico. Como dice Virginia Dignum, la ética en la inteligencia artificial no debe entenderse como un conjunto de normas externas, sino como un proceso de deliberación continua en el que las personas y la tecnología coevolucionan. Esa visión nos llama a asumir la responsabilidad de cada decisión técnica como una decisión moral, sin soslayar los aspectos legales.

En el contexto de las aulas universitarias, el desafío adquiere otra dimensión. La IA ofrece posibilidades fascinantes: adapta los ritmos del aprendizaje, facilita el acceso a la información y estimula la creatividad al liberar tiempo para tareas rutinarias. Pero también plantea riesgos evidentes: la delegación acrítica del pensamiento, la homogeneización del juicio o la pérdida del sentido del esfuerzo intelectual. Como señala, nuestro próximo Doctor Honoris Causa, Joan Manel del Pozo, la educación no debe centrarse solo en saber mucho, sino en saber pensar. El enseñante ya no puede ser solo un transmisor de contenidos; debe recuperar su posición de guía que ayuda a discernir entre lo que las máquinas producen y lo que los humanos comprendemos. El dilema, entonces, no reside únicamente en usar o no usar IA, sino en cómo la integramos en nuestra práctica académica y científica. El uso responsable implica acompañar cada herramienta con comprensión técnica, sensibilidad ética y autocrítica. Significa enseñar a nuestros estudiantes no a temer estas herramientas, sino a convivir con ellas desde la autonomía y la lucidez. Y significa investigar sabiendo que el valor de la ciencia no está en la cantidad de resultados que generamos, sino en el conocimiento que producimos y en su impacto humano y social.

En definitiva, la universidad se encuentra ante una oportunidad histórica: transformar la IA en una aliada del pensamiento, más que en su sustituto. Para ello, necesitamos cultivar una ética de la corresponsabilidad que atraviese tanto la formación como la investigación. La AI4Science puede ser un extraordinario catalizador del conocimiento, pero solo si recordamos que la inteligencia, sin la conciencia que la guía, corre el riesgo de convertirse en un simple cálculo. Y la educación, sin ética, deja de ser humanista para convertirse en mera instrucción técnica, en adiestramiento.

Prof. Ulises Cortés

Departamento de Ciencias de la Computación. UPC.
Departamento de Ciencias de la Computación. BSC.
Doctor Honoris Causa. UdG.