Un estudio del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la UPC muestra que el ruido de origen humano puede contribuir a reducir las poblaciones de posidonia

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Posidonia oceánica. Imagen: Pepe Molina Cruz

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Caballito de mar entre posidonia. Imagen: Evarist González

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Posidonia. Imagen: Pepe Molina Cruz

Cuando se exponen a ruido de origen antropogénico, las praderas de posidonia muestran lesiones graves y permanentes en sus órganos sensoriales, hecho que amenaza su supervivencia. Esta es la principal conclusión de un estudio reciente del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la UPC, que publica la revista 'Nature Communications Biology'. Este descubrimiento no solo demuestra que las plantas tienen la capacidad fisiológica de percibir sonidos, sino que también revela que las fuentes de ruido que se encuentran normalmente en el océano pueden contribuir a reducir sus poblaciones.

15/06/2021

En los últimos cien años se han introducido muchas fuentes de ruido artificial en el medio marino que, según se ha demostrado, afectan negativamente a los organismos marinos. El impacto crítico del ruido y otras formas de energía en el equilibrio natural de los océanos ha sido poco estudiado en muchos aspectos. Se ha prestado mucha atención a determinar la sensibilidad al ruido de peces y mamíferos marinos, especialmente cetáceos y pinnípedos, porque se sabe que poseen órganos auditivos. Estudios recientes, llevados a cabo en el Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universitat Politècnica de Catalunya · BarcelonaTech (UPC) y cuyos resultados publica el 15 de junio la revista Nature Communications Biology bajo el título ‘Seagrass Posidonia is impaired by human-generated noise’, también han demostrado que los cefalópodos, anémonas y medusas, aunque carecen de receptores auditivos similares, también se ven afectados por los sonidos artificiales. De hecho, los invertebrados marinos tienen órganos sensoriales que les permiten mantener el equilibrio y percibir la gravedad en la columna de agua. Pero, curiosamente, ni un solo estudio ha abordado aún la sensibilidad al ruido de organismos marinos sésiles, como plantas o arrecifes de coral, cuya inmovilidad los hace altamente susceptibles a los efectos crónicos, ya que estas especies también presentan órganos sensoriales especializados en la percepción de la gravedad, que son fundamentales para encontrar su sustrato natural.

La posidonia ya se encuentra en una situación de fragilidad por las amenazas de origen humano debido al uso masivo de los anclajes de las embarcaciones de recreo, que literalmente arrancan de raíz estas praderas marinas únicas.

Las praderas marinas se consideran un equivalente de los bosques primarios en lo que se refiere a sus funciones ecológicas. Son plantas superiores adaptadas al medio marino, que desarrollan ecosistemas vitales que consisten en milenarias redes complejas, ancladas en fondos blandos. Tienen un efecto significativo tanto en la biodiversidad como en las funciones de los ecosistemas, minimizan las fuerzas hidrodinámicas, influyen en las especies huéspedes (invertebrados y peces) y promueven el crecimiento de microbiomas y bacterias. Las praderas marinas presentan granos de almidón en sus raíces que funcionan como los estatocistos de los invertebrados, órganos sensoriales responsables de detectar la gravedad y de procesar la vibración del sonido. Además, sus tallos horizontales, los rizomas, que actúan como órganos de almacenamiento, contienen una cantidad considerable de granos de almidón, garantía del abastecimiento energético de las plantas.

El estudio, liderado por Marta Solé, investigadora senior del LAB de la UPC, describe cambios morfológicos y ultraestructurals en las praderas marinas tras estar expuestas a sonidos en un ambiente controlado. Estos cambios son nuevos en la patología de las plantas acuáticas. Los sonidos de baja frecuencia no solo producen alteraciones en los estatocistos de la raíz y del rizoma de la posidonia oceánica, sino que los procesos nutricionales de la planta también se pueden ver afectados por una disminución en el número de granos de almidón del rizoma. Además, se ha observado una degradación en hongos simbiontes específicos de las raíces de la posidonia oceánica. Los hongos mejoran el estado nutricional de la planta (nutrición mineral, absorción de agua) a cambio de obtener de la posidonia el carbono necesario para su crecimiento y reproducción.



Pérdida de biodiversidad
Esta sensibilidad a los sonidos artificiales muestra de qué manera el sonido puede afectar potencialmente el estado de salud de la posidonia oceánica. Además, estos hallazgos señalan la necesidad de cuantificar el impacto del aumento de la contaminación acústica del océano en la reducción de las poblaciones de pastos marinos y en la pérdida de biodiversidad en el futuro.

El LAB forma parte del Campus en Vilanova i la Geltrú de la UPC y está vinculado a la Escuela Politécnica Superior Superior de Ingeniería de Vilanova i la Geltrú (EPSEVG), es reconocido internacionalmente como un laboratorio de investigación líder en el estudio de los efectos de la contaminación acústica en el océano. El director del LAB, el profesor e investigador Michel André, galardonado con el Premio Rolex a la Iniciativa en 2002, creó en 2014 la Fundación The Sense of Silence, una organización benéfica orientada a implementar tecnologías acústicas pasivas para contribuir a una convivencia sostenible entre el ser humano y la naturaleza devolviendo el equilibrio acústico a su coexistencia.

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