BIOCOM-SC: los vigías de la COVID-10

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Desde la parte izquierda de la imagen, Martí Català, Sergio Alonso, Clara Prats, Enric Álvarez y Daniel López-Codina, en el Campus del Baix Llobregat, en uno de los pocos momentos que han estado juntos presencialmente en los últimos meses

Una lección magistral de trabajo en grupo

Durante el último año los científicos del grupo BIOCOM-SC no se han visto más de dos veces de manera presencial. Pero todos coinciden que, como equipo, han hecho mucha piña. "Es con quienes he pasado más momentos juntos", afirma Martí Català. "Durante la primera ola teníamos videollamadas diarias de más de 4 horas. La verdad es que me lo he pasado muy bien", dice el investigador, el más joven del grupo. "Nunca le podré agradecer a Clara, Sergio, Dani y Enric todo lo que me han ayudado y enseñado. Me he sentido como uno más dentro del grupo de investigación, a pesar de mi edad e inexperiencia". 

Clara Prats también destaca que "¡ha sido una lección magistral de trabajo en equipo! Han ocurrido muchas cosas y hemos pasado por momentos y situaciones diferentes. Organizándonos, cubriéndonos para llegar a donde no llegaba el otro, repartir tareas y responsabilidades sin perder la visión conjunta del trabajo... Todo esto ha sido una constante, y pienso que lo hemos conseguido. En todo momento hemos estado conectados y disponibles", explica la investigadora. "Si contáramos las horas de reuniones por videoconferencia, nos saldrían unos cuantos centenares". 

Por su parte, Daniel López-Codina asegura sentirse privilegiado: "A mi alrededor tengo un grupo de amigos con los que trabajo que son extraordinarios, gente muy inteligente, con valores humanos, incansanbles... A su lado me siento pequeño", concluye. 

Como docentes, unos investigadores del grupo están vinculados a la Escuela de Ingeniería Agroalimentaria y de Biosistemas de Barcelona (EEABB) y otros a la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación y Aeroespacial de Castelldefels (EETAC) o en la Escuela Politécnica Superior de Edificación de Barcelona (EPSEB).

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Desde la parte izquierda de la imagen, Martí Català, Clara Prats, Daniel López-Codina, Sergio Alonso y Enric Álvarez, en uno de los pocos momentos que han estado juntos presencialmente en los últimos meses

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Clara Prats, Martí Català y Pere Joan Cardona, del IGTP, evaluando hace unos meses la evolución de la epidemia por COVID-19 mediante un modelo matemático creado conjuntamente

Desde hace un año, el grupo de investigación en Biología Computacional y Sistemas Complejos (BIOCOM-SC) de la UPC trabaja sin pausa, estudiando los datos y haciendo predicciones del comportamiento de la pandemia de COVID-19 en Cataluña y Europa. Una tarea clave que ha evidenciado el valor de la ciencia y la tecnología, y la necesidad de poner el conocimiento al alcance de la sociedad.

25/03/2021

La pandemia por la COVID-19 ha puesto sobre la mesa la importancia de la gestión de los sistemas sanitarios alrededor del mundo, pero también la función crucial de la ciencia y la tecnología, y la necesidad de compartir datos. Grupos de investigación como el BIOCOM-SC de la Universitat Politècnica de Catalunya · BarcelonaTech (UPC) han puesto al servicio de la sociedad su conocimiento científico en epidemiología matemática, haciéndolo accesible y comprensible para la ciudadanía.

Los cinco investigadores principales del grupo ‒Clara Prats, la coordinadora; Daniel López-Codina, Enric Álvarez, Sergio Alonso  y Martí Català ‒, biofísicos e ingenieros físicos, del Departamento de Física, con la ayuda de una veintena de estudiantes de Ingeniería Física, y de Ciencia e Ingeniería de Datos de la UPC, han trabajado intensamente para recoger los datos disponibles públicamente e interpretarlos, con el fin de conocer la evolución de la pandemia en Cataluña, España y Europa, y hacer predicciones a corto plazo. Jornadas laborales de 24 horas, intercambiando información con científicos y sanitarios de todo el mundo, y trabajando desde el confinamiento y con reuniones virtuales. Todo un desafío que han hecho frente compaginándolo con su vida personal.

El grupo de científicos, desde hace años, aplica las matemáticas para entender mejor el comportamiento de enfermedades infecciosas como la tuberculosis. Con la aparición de la COVID-19 han reencaminado el foco hacia el estudio de la evolución de este virus de alcance mundial. Desde el inicio de la pandemia, han aceptado el reto de elaborar los informes diarios para la Comisión Europea y el Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), y ya llevan más de 200. Unos informes que publican periódicamente en su web y en su cuenta de Twitter (@BIOCOMSC1).

A partir de los datos sobre el número de casos de COVID-19, y mediante un modelo matemático que han desarrollado junto con el Centro de Medicina Comparativa y Bioimagen (CMCiB) del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP), obtienen la ecuación de la curva que les permite predecir la evolución de la pandemia. Inicialmente, su modelo solo se basaba en los nuevos diagnósticos, pero poco a poco se han ido ajustando y optimizando, a medida que también se ha ido mejorando la gestión de los datos.

“De la investigación tranquila, pausada, discreta y reflexiva en tuberculosis pasamos, de un día a otro, a una investigación trepidante”

Clara Prats

Ahora que hace un año del confinamiento, los investigadores del grupo rememoran cómo vivieron el inicio de esta crisis sanitaria. Clara Prats asegura que, desde que estalló la pandemia, su trabajo ha sido un reto tras otro. “Como investigadora, el reto más grande ha sido estudiar un problema desde dentro, del que formas parte, con lo que todo esto comporta. Falta de perspectiva global y de conocimiento previo, y un cambio radical en la forma de trabajar. De la investigación tranquila, pausada, discreta y reflexiva en tuberculosis pasamos, de un día a otro, a una investigación trepidante que requería una capacidad de adaptación constante a nuevos datos, conocimientos y, sobre todo, necesidades”, afirma. “Como coordinadora del grupo, el reto principal ha sido intentar gestionar todas las líneas de trabajo, colaboraciones y peticiones sin perder el hilo en ninguna de ellas”, asegura Prats.

Daniel López-Codina apunta que “las primeras semanas comenzamos simplemente satisfaciendo nuestra curiosidad, buscando modelos matemáticos que nos ayudaran a entender la dinámica epidemiológica en las provincias de China”. Pero descubrieron que podían hacer una tarea importante socialmente y “esto nos llevó a trabajar un montón”, explica, contento de poder hacer una tarea de interés para las personas.

Todo estalló a la vez, como un relámpago. “Los primero meses fueron días intensos”, dice Sergio Alonso refiriéndose al choque que supuso tener que compaginar el teletrabajo, el paso a la docencia virtual y la reorientación de su actividad de investigación hacia la epidemiología matemática, con el cuidado de los hijos. “Parece que hemos recuperado cierta normalidad, sobre todo desde que los niños han podido volver al colegio, pero la cantidad de frentes abiertos es muy grande y ha hecho que nos dividamos en diferentes temáticas”, afirma. Además, “antes de la pandemia, las reuniones digitales eran una herramienta interesante para trabajar con Alemania o Brasil, pero ahora se utilizan para casi todo, y estamos un poco saturados”, explica el investigador. Igualmente, “la avalancha de trabajo nos ha permitido conocer a mucha gente de ámbitos diferentes y nos ha enriquecido mucho”.

Tejiendo colaboraciones

En estos últimos meses, Martí Català ha cambiado mucho la visión de su trabajo: “Antes hacía investigación en tuberculosis, que es una enfermedad que no vivimos tan de cerca y que causa entre 1 millón y 1,5 millones de muerte cada año en el planeta. La COVID ha causado casi 2 millones en 2020. Dos cifras que, a priori son cercanas, pero el impacto y el eco que tienen una enfermedad y la otra no se pueden comparar”. Y añade: “Nuestra investigación en tuberculosis pasaba desapercibida en la prensa y no tenía un impacto global tan grande. Hemos pasado de que no nos haga caso nadie a tejer una red de colaboradores muy extensa, hemos tenido colaboraciones con muchos países: Brasil, Estados Unidos, Reino Unido, la Comisión Europea, gobiernos locales…”. La pandemia les ha acelerado como grupo de investigación, “nos ha abierto la puerta a trabajar con científicos excelentes de Cataluña y de alrededores”, dice Daniel López-Codina.

“La pandemia nos ha acelerado como grupo de investigación y nos ha abierto la puerta a trabajar con científicos excelentes de Cataluña y alrededores”

Daniel López-Codina

Martí Català coincide con su compañero de equipo y pone de relieve el importante salto cualitativo que ha hecho el grupo BIOCOM-SC desde el punto de vista científico. “Nuestra investigación ha pasado a estar en el foco de muchas miradas y esto ha hecho que nuestros informes y artículos se analicen hasta la última coma”.

Con sus observaciones experimentales basadas en datos y números, y por medio de las modelizaciones matemáticas, este grupo de investigación está haciendo una tarea ingente para conocer la transmisión de la COVID-19 y hacer más comprensible la lógica epidemiológica. Esto, sumado a su gran capacidad para comunicar y divulgar utilizando un lenguaje para todos los públicos, ha hecho que el BIOCOM-SC, referente científico en análisis epidemiológico, haya conseguido, sin quererlo, una presencia diaria mediática y en las redes sociales en Cataluña y en toda España. Ya casi no se abre un informativo de radio o televisión, ni una página de diario, sin que se haga referencia al grupo.

En poco tiempo, han familiarizado a la ciudadanía con estadísticas, diagramas, gráfico y conceptos como el índice EPG, el factor R0 o velocidad de contagio y la incidencia acumulada, a la vez que han contribuido a divulgar qué son los modelos computacionales. Y lo que es más importante: sus aportaciones han ayudado a las autoridades del país a controlar la transmisión del coronavirus en Cataluña.

Sin ser catastrofistas, pero en permanente tono de alerta, en todo este tiempo el grupo BIOCOM-SC ha ido haciendo de Pepito Grillo, advirtiendo cuando las tasas de contagio no dibujaban un contexto favorable y reivindicando públicamente medidas más restrictivas para frenar el virus.

Enseñar conceptos científicos no es sencillo, asegura Daniel López-Codina: “La cultura científica de una parte muy importante de la población es exigua y esto hace que a menudo haya visiones incorrectas de lo que somos los científicos”. El investigador lo dice sin tapujos: “Explicar que realmente sabemos pocas cosas cuesta bastante, nos llaman ‘expertos’… y en nuestro entorno no hay expertos en pandemias. Es la primera que vivimos, ¡ojalá sea la última!”, afirma. “Y por otro lado hay pseudocientíficos, los negacionistas, los antivacunas…”, reflexiona.

En este sentido, el investigador expresa su tristeza e impotencia: “Cada día, un montón de horas trabajando y pensando en COVID-19. Una pandemia que está causando millones de muertos, destruyendo puestos de trabajo, empujando gente a la pobreza, incrementando las situaciones de injusticia…y esto en todo el mundo”. Le preocupa “que nos volvamos a olvidar de las personas de las comunidades empobrecidas” y también recuerda que hay otras epidemias, como la de la malaria, que causa unos 230 millones de casos al año.

De los miembros del grupo, Enric Álvarez es uno de los más activos en Twitter y se encarga de difundir regularmente los análisis y predicciones a través del perfil del grupo. Tiene muy claro que divulgar la ciencia es imprescindible: “En esta pandemia es clave poder transmitir lo más claro posible la situación en un momento determinado. Explicar bien a la gente el motivo de llevar mascarilla, guardar distancia o lavarse las manos, y qué entornos son de riesgo y cuáles lo son menos, creemos que salva vidas”. Igual de importante es “transmitir las incertidumbres en un momento determinado”, según afirma. “Hay que hacer pedagogía de la ciencia en general y no solo de la situación actual”.

En clave de humor

En todo este trayecto al pie del cañón, “el buen humor ha sido imprescindible para poder seguir trabajando, ya que el trabajo ha sido apasionante, pero nada divertido”, reconoce Daniel López-Codina. A modo de ejemplo, recuerda el momento estelar en el que, durante una entrevista en el programa de televisión ‘Todo es mentira’, de la cadena Cuatro, estaba a la espera de iniciar un Skype: “Los técnicos de sonido me dijeron que contara hasta 10 para regular el sonido… y resultó que estaba en directo. Así que todos los que estaban viendo el programa descubrieron que por lo menos sé contar hasta 10”, dice el investigador.

El verano pasado, en una entrevista en directo, vía Skype y desde su casa, para el informativo de La Sexta, Clara Prats tuvo una interrupción en directo de su hijo pequeño que se hizo viral. “La presentadora, María Llapart, reaccionó muy bien. Detuvimos la entrevista y la seguimos diez minutos más tarde. El vídeo se hizo viral y me llamaron de otros medios de comunicación para pedirme declaraciones”, explica. En cualquier caso, según constata, ayudó a visibilizar lo que ha sido la pandemia en muchísimos hogares: el teletrabajo con niños en casa y el problema que ha supuesto para los niños y las niñas pasarse meses encerrados con los adultos teletrabajando.

“Ya hace meses, cuando empezábamos a crear los códigos para tratar todo el sistema de seguimiento de movilidad y relacionarlo con incidencias, intentamos ver qué poblaciones tenían más movimiento potencial de personas infecciosas... y el lugar más problemático y grave que salió fue Gisclareny”, explica Enric Álvarez, bajo la mirada cómplice del grupo. “Cuando comentamos la jugada, Daniel López-Codina explicó las características del pueblo, que conoce bien. Vimos que era imposible que hubiera una gran entrada y salida de gente contagiosa en este precioso pequeño municipio del Berguedà. Nos hicimos un harto de risa. Quedó claro que era un error en el código”, asegura.

Sergio Alonso también bromea sobre cuando el equipo adoptó, como una verdadera divinidad, el modelo de ‘Gompertz’ empleado para hacer las predicciones: “¡Casi hemos visto milagros...! Cuando publicamos el primer artículo de este método de predicción no tuvimos otra opción que denominarlo, entre nosotros, ‘el evangelio de Gompertz’”.

Situaciones divertidas como estas les ha permitido distraerse de tantas horas de trabajo; momentos que han compartido en el grupo de Whatsapp, donde han mantenido una conexión continua, intercambiando desde información científica hasta vivencias y preocupaciones personales, asegura Sergio Alonso. “¡Nos ha servido para reír mucho!”, dice el investigador.