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Acuicultura: reproducir en cautividad

La acuicultura se está expandiendo a un ritmo creciente en el mundo, pero el gran salto del sector requiere producir intensamente ocupando poco espacio, optimizar las instalaciones, reducir el impacto ecológico y controlar los residuos que derivan de ella. Se vislumbra que este tipo de cultivo podrá proveer, en el futuro, otros mercados aparte del alimentario.

11/02/2011
La acuicultura consiste en el cultivo de organismos acuáticos en su propio medio, incluyendo peces, crustáceos, moluscos, reptiles, anfibios y plantas acuáticas, e implica necesariamente la intervención humana para su reproducción, alimentación y protección ante sus depredadores.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es el sector de producción de alimentos que crece más rápidamente (un 7,4 % anual) y que más se diversifica. La producción acuícola mundial para el consumo humano (peces, crustáceos, moluscos y otros animales acuáticos) pasó de 47,4 millones de toneladas en 2006 a 52,2 millones de toneladas en 2008. Con respecto a las plantas acuáticas, sobre todo las algas marinas, cultivadas para el mercado de la alimentación y para usos no alimenticios, la producción pasó de 14 millones de toneladas en 2006 a 15,8 millones de toneladas en 2008.

A escala mundial, las cifras muestran que la acuicultura se ha expandido a un ritmo muy rápido, pero si se analiza la situación se observa, por ejemplo, un cierto estancamiento del sector en Europa. "Seguramente el cambio hacia un crecimiento del sector en Europa, especialmente en el Mediterráneo, requiere resolver la compatibilización de la actividad acuícola con el resto de actividades que se despliegan en la costa y con el respeto al medio costero", afirma Joan Oca, director de la Escuela Superior de Agricultura de Barcelona (ESAB) e investigador del grupo de investigación Acuicultura y Calidad de los Productos Acuáticos (AQUAL).

Éste es un reto de futuro importante y su resolución implica, primeramente, implementar sistemas acuícolas mucho más intensivos, es decir, lograr grandes producciones ocupando poco territorio.

En segundo lugar, significa conseguir que la acuicultura sea capaz de controlar los residuos que genera, como el vertido de los piensos no ingeridos, de los excrementos y de todos los metabolitos resultantes de la excreción de los peces. "Hay que desarrollar sistemas de recirculación de agua eficientes, sistemas que permitan realizar captaciones de agua muy pequeñas y llevar a cabo un tratamiento del agua exhaustivo en tierra, incluso pensar en buscar alguna utilidad para dichos residuos, de manera que se devuelva al mar un agua en correctas condiciones," explica Joan Oca.

Para minimizar el impacto ecológico de las instalaciones acuícolas, también se piensa en la posibilidad de incorporar sistemas de producción llamados multitróficos, tradicionalmente utilizados en Asia. Consiste en la combinación de varios niveles de la cadena trófica, especies carnívoras y herbívoras, para obtener un residuo final neutro, ya que una especie se alimenta del residuo de la anterior.

"Porque el gran objetivo del sector”, añade Lourdes Reig, investigadora del grupo AQUAL, “es optimizar y mejorar las instalaciones. La acuicultura es una actividad en la que todavía no se han desarrollado tecnologías que en la producción de otras especies animales están totalmente implementadas. Queda mucho camino por recorrer, porque los procesos no están tan estandarizados."

Precisamente, este es el ámbito de trabajo fundamental del grupo de investigación AQUAL. "Llevamos a cabo una investigación orientada al desarrollo de sistemas muy intensivos en tierra, con el máximo control de todos los parámetros medioambientales, y nos centramos prioritariamente en peces planos. Estudiamos aspectos de comportamiento, es decir, queremos saber qué tipos de sustrato, qué zonas de los tanques de cultivo o qué nivel de velocidad y de turbulencia del agua prefieren los animales, y a partir de esos datos diseñamos las instalaciones", comenta Joan Oca.

aqüicultura

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura i la Alimentación, la acuicultura es el sector de producción de alimentos que crece más rápido.




 

Éste es un planteamiento que supera la separación que a menudo existe entre ingeniería y biología, combinándolas. "El nuestro es un grupo mixto, porque somos conscientes de que cuando trabajas en un proceso productivo en el que intervienen organismos vivos ese divorcio es imposible. Si de lo que se trata es de estandarizar procesos, tenemos que observar los efectos que tiene cualquier tecnología en el producto final, que es el pescado", añade.

En los últimos años, AQUAL ha orientado una parte de su investigación en el marco del proyecto europeo Raceways, cuyo objetivo era optimizar los tanques alargados (raceways) que se utilizan en instalaciones en tierra. En la segunda fase del proyecto, bautizado con el nombre de Compaqua, se desarrollará un sistema de producción intensivo y compacto para optimizar el uso de los recursos.

AQUAL también estudia optimizar el diseño de los tanques de cultivo, en el marco de un proyecto orientado a la mejora de las instalaciones y la tecnología que se utilizan en el Mediterráneo para facilitar la intensificación y el crecimiento del sector acuícola. La aportación del grupo en este proyecto, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, se centra en el diseño de tanques de distintas geometrías que posean unas buenas condiciones hidráulicas, que sean autolimpiables y que favorezcan una calidad del agua relativamente uniforme a fin de que el uso del espacio sea lo más eficiente posible y no haya zonas del tanque que los peces no utilicen.

Peligros y usos de la acuicultura
Actualmente se extraen de los océanos más de cien millones de toneladas de pescado, pero no todo acaba en la mesa de los consumidores. Más de una tercera parte de la pesca extractiva se utiliza para elaborar harinas y aceite de pescado, y aproximadamente el 60 % de esas harinas y el 90 % del aceite se destinan a la producción de piensos para alimentar peces cultivados.

En un contexto como este, en el que el mercado demanda mayoritariamente especies carnívoras que se alimenten con harinas de pescado, el futuro de la acuicultura necesita encontrar su alternativa. "De momento, la fórmula consiste en la sustitución de la harina de pescado por proteína de origen vegetal", explica Lourdes Reig. Pero el desarrollo sostenible del sector incluye no tan solo mejorar la nutrición, sino también mejorar la reproducción, es decir, conseguir que todas las especies puedan reproducirse en cautividad. "De este modo”, añade Reig, “la acuicultura pasaría a ser una actividad independiente de las capturas."

Hoy por hoy, el principal objetivo de la acuicultura es la producción de alimentos para el consumo humano. No obstante, los investigadores creen que el gran salto que necesita la acuicultura radica en la posibilidad de proveer muchos otros sectores. Hablamos de productos que tengan un interés nutricional: aparte de vitaminas o sales minerales que ya existen en el mercado, se están investigando productos que potencialmente tienen efectos sobre la artrosis, el cáncer o la fibromialgia.

Asimismo se están investigando productos de interés farmacológico obtenidos a partir de algas o productos interesantes desde el punto de vista tecnológico para industrias como la de los biocombustibles. No hay que olvidar que la acuicultura también puede proveer mercados como el de la acuariología o la repoblación del medio acuático con especies animales y vegetales.


El recelo de los consumidores
En estos tiempos en que no siempre sabemos lo que comemos, otro de los grandes retos de la acuicultura es convencer al consumidor de que el pescado de cultivo es saludable y bueno. Todavía hay que hacer mucha pedagogía, opinan los expertos, porque uno de los obstáculos que debe combatir el sector es la creencia de las diferencias existentes entre el pescado salvaje y el de piscifactoría.

A pesar de dicha creencia, esas diferencias son difíciles de detectar porque prácticamente tienen las mismas características y calidad. El pescado procedente de la acuicultura es hijo de pescado salvaje, ha crecido en una granja pero su dotación genética es prácticamente idéntica a la del animal salvaje. Por ejemplo, contienen las mismas grasas poliinsaturadas omega-3, que desde el punto de vista dietético se consideran especialmente saludables. Además, este tipo de pescado ha seguido un control sanitario exhaustivo, tanto para su salud como para la del consumidor.

Quizás la gran diferencia que puede encontrarse respecto al pescado salvaje, y que a menudo no es del agrado del consumidor, es que las especies de piscifactoría son más grasas porque están mejor alimentadas. Ese es el motivo por el que se está intentando llevar al mercado un pescado que posea las características que el consumidor exige.

Otro problema que hay que afrontar es el hecho de que el pescado de cultivo es un producto no diferenciado. Cabe esperar que con el paso de los años los piscicultores consigan diferenciar cada producto según sus usos y las franjas de posibles consumidores.


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