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Los nuevos retos y los roles emergentes para el desarrollo humano y social

“Tal vez no tendremos bastante con una vida entera para buscar la justicia, pero nuestros jóvenes lo harán en el futuro y conseguiremos que la paz no sea producto de la violencia, sino de la educación”. Rigoberta Menchú

26/07/2008

En muchas ocasiones, el gobierno y la población consideran las universidades únicamente como motores económicos y campos de entrenamiento de los profesionales que serán clave en el futuro. Pero estas tendencias no benefician a la educación ya que se ha erosionado la idea de universidades como proyectos culturales de la sociedad o como instituciones generadoras de bien público.

El tercer informe de la Global University Network for Innovation (GUNI) ofrece un análisis del rol actual de la educación superior y de las instituciones de educación superior en relación a su contribución con el desarrollo humano y social en el contexto de la globalización. El estudio pretende enriquecer la visión del relevante papel social que debe tener la educación superior ofreciendo un espacio de debate, propuestas y reflexión sobre el rol del conocimiento en la sociedad.

Las universidades están viviendo uno de los periodos más interesantes y comprometidos de su historia, ya que la globalización ofrece grandes oportunidades pero, al mismo tiempo, plantea serios problemas para el futuro que cuestionan cual debe ser el valor principal de la educación superior: servir al bien común en una era en la que es difícil saber qué se entiende por ‘bien’ y por ‘común’. Estos cambios son lo suficientemente evidentes para replantear la relación que tienen la educación superior y su contexto social.

Vivimos el momento de la historia en el que la educación superior dispone de más recursos para la generación del conocimiento. Tanto es así que estamos iniciando lo que se ha dado en llamar ‘la sociedad del conocimiento’.

En este contexto, la universidad es todavía la principal institución que genera y difunde conocimiento, y es la base para el desarrollo económico y social de los países. La educación superior tiene, pues, la responsabilidad de formar los profesiones que, a lo largo de su carrera profesional, tendrán posiciones de responsabilidad tanto en la sociedad como en el mercado laboral. La educación superior ocupa, por tanto, un rol decisivo y fundamental en lo que se refiere al contenido de los estudios, pero también de los valores y las habilidades que incorpora a la sociedad.

 

 

Retos presentes y futuros para el rol de la educación superior en el contexto de la globalización.
Según Philip G. Altbach, director del Center for International Higher Education, Boston College,las universidades de todo el mundo ven cada vez más como se les exige que lleven a cabo sus funciones con menos recursos, lo que hace que el servicio se deteriore. Parece que ya no hay tiempo ni recursos para considerar los nuevos enfoques que deben debartirse para educar a los estudiantes o servir a la sociedad. En ese sentido son las universidades que tienen una actividad de investigación más importante las que se han visto más afectadas por la falta de recuros y, en consecuencia, por la necesidad de buscar nuevas vías de financiación, y han visto modificado sustancialmente su funcionamiento.

 

En muchas ocasiones, el gobierno y la población consideran a las universidades únicamente como motores económicos y campos de entrenamiento de futuros profesionales, pero ¿estas tendencias benefician realmente a la educación superior y a la sociedad? Las universidades se han visto obligadas a renunciar a buena parte de su papel como centros de la vida intelectual y cultural y como elementos de análisis y crítica social. Al mismo tiempo, están cada vez más vinculadas a las necesidades prácticas de la sociedad que dictan gobiernos y mercado, sobretodo en el caso de las instituciones privadas.

Philip G. Altbach afirma que “las sociedades que ignoran las múltiples finalidades y funciones que tiene la universidad serán mucho más débiles, ya que éstas son motores de la economía del conocimiento, pero deben estar también al servicio de objetivos humanísticos y culturales y de los individuos.”

Según los expertos, la universidad actual tienen las funciones siguientes:
• Acadèmico-profesional. La universidad es responsable de la educación de un gran número de profesionales que se insertan en el mercado laboral.
• Educación general. El currículum utilizado en la mayor parte del mundo se ha basado tradicionalmente en los conocimientos especializados de disciplinas concretas y no ha incluido una educación más generalista. Ahora, el debate está en cuál es el papel de este tipo de conocimiento y, en algunos países se ha añadido al currículo universitario.
• La universidad como preservadora y difusora del conocimiento.
• La universidad como creadora del conocimiento, como centro intelectual.
• Internacionalización. Las universidades son instituciones tanto nacionales como internacionales a través de las alianzas que sostienen entre ellas y de la globalización.
• Motor de desarrollo económico.
• Instrumento de movilidad social.

Sin duda, la masificación ha sido la fuerza predominante en la educación superior durante la segunda mitad del siglo XX y seguirá teniendo un serio impacto durante el siglo XXI. La tasa bruta de matriculación en educación superior ha aumentado entre un 10%, en la mayoría de los países desarrollado, y un 50%.

La masificación de la educación superior no sólo ha significado el incremento del número de estudiantes, sino que también ha supuesto un incremento radical del número y el tipo de instituciones académicas

El problema de bien público
Uno de los debates más serios sobre educación superior de las últimas décadas se centra en definir si ésta es un bien público —aquel que añade valora a la sociedad al educar a las personas que acabarán siendo ciudadanos productivos— o bien un bien privado, es decir, aquel que beneficia principalmente a los individuos ya que tendrán un nivel de vida y un estatus social más elevado gracias a sus estudios superiores.

 

En los últimos años, los defensores del bien privado sean impuesto de manera considerable y, en consecuencia, muchos países han reducido o estancado los presupuestos de educación. Se ha pedido a las instituciones académicas públicas que paguen una parte cada vez más elevada de los costes y se aumentado las tasas de la matricula comercializando más los servicios al mercado. En algunos casos, se han introducido los préstamos y otros programes de financiación para reducir la carga económica al estudiante. Es discutible que el Estado no disponga de capacidad para financiar la ampliación del acceso a la educación superior para todos. La mayoría de los países han respondido trasladando una parte importante del coste económico de los estudios a los estudiantes.

Al mismo tiempo, la privatización de la educación superior pública también ha contribuido a limitar las funciones de las universidad. En muchos países, una parte muy pequeña de los presupuestos de las universidades públicas proviene de fuentes gubernamentales. Esta tendencia hacia la privatización ha implicado que se hayan empezado a ignorar las finalidades tradicionales de la universidad para dar más importancia a otras actividades con un potencial claro para generar ingresos. De esta manera, las funciones de la universidad quedan más condicionadas a las fuerzas del mercado.

La globalización i los mercados: retos de la educación superior
Según el estudio de Deepak Nayyar, profesor de la Jawaharlal Nehru University (India), la retirada del Estado y el avance del mercado han cambiado el contexto nacional y empieza a ejercer una influencia significativa en la educación superior. La educación como negocio no conduce al desarrollo económico ni al progreso, dice Nayyar. Por este motivo, los países deberán formular políticas de educación superior para conseguir el desarrollo, para minimizar los riesgos y aprovechar las oportunidades creadas por los mercados y la globalización.

 

Los mercados sin trabas ni regulaciones en la educación superior pueden tener un efecto adverso en la calidad de la educación, afirma. El régimen de la Organización Mundial del Comercio y el Acuerdo General sobre comercio de Servicios tienen enormes implicaciones en la educación superior y esto se debe tener en cuenta. No se debería permitir, afirma el experto indio, que los mercados y la globalización determinaran la educación superior.

 

 

Los roles emergentes de la educación superior


El propósito educativo
Según Peter Taylor, investigador y jefe de los programas de graduado del Institute of Development Studies de la University of Sussex, las instituciones de educación superior han llegado a un punto crítico en su larga evolución, como productoras y difusores mundiales y locales de conocimiento. Dado que la educación tiene un papel cada vez más importante, en todos los niveles, como transmisora y reproductora de un complejo tejido de conocimiento y relaciones de poder, ahora debemos cuestionar con urgencia su finalidad, así como la distribución y el uso del medios que ponen a su disposición a la hora de cumplir esta finalidad. La finalidad de la educación debe ser transformar más que transmitir. Es necesario pasar de una docencia basada en la acumulación y memorización de conocimiento a una docencia basada en el desarrollo de capacidades del alumno, dice Taylor añadiendo que hace falta integrar el diálogo y una conciencia crítica del mundo.

 

Una de las fuentes de oportunidades podría ser la introducción de nuevos contenidos, el aumento de la interdisciplinariedad y la supresión de las distancias entre los progresos en las diferentes disciplinas. Podríamos imaginar que todos los estudiantes de educación superior experimenten cambios de currículum? Cambios dónde las áreas de estudio tradicionales como las humanidades o las ciencias se transformaran en un currículum transversal más orientado a los problemas y más vinculado a los desafíos y a las inquietudes del mundo real como por ejemplo la ciudadanía, el cosmopolitismo, el multiculturalismo, los valores éticos, el entendimiento, y el desarrollo sostenible. No se trata de un sueño, afirma Taylor, muchas instituciones de todo el mundo ya lo están intentando.

Los desafíos clave por abordar temas de aprendizaje transversal son los siguientes:
- La necesidad de apoyar a la capacidad del profesorado para desarrollar un enfoque pedagógico basado en la incertidumbre y orientado a problemas.
- La necesidad de que los empresarios reconozcan y faciliten que sus trabajadores apliquen formas de conocimiento y prácticas más holísticas y, así, otorguen más legitimidad a esta forma de aprendizaje.
- La necesidad de que las escuelas, en los niveles más bajos del sistema educativo, preparen a los estudiantes para formas de aprendizaje y estudio más interdisciplinarias, con el fin de que puedan realizar la transición a la educación superior con éxito.

Por Richard Bawden, profesor honorario de la University of Western Sydney, los miembros de la comunidad académica deben ser facilitadores de las mejoras de las condiciones humanas mediante el desarrollo intelectual, moral, estético, e incluso, espiritual. La educación superior debería conducirse de tal forma, según Bawden, que integrara de manera compleja los aspectos más adecuados del saber humano para afrontar los temas que caracterizan la era que estamos viviendo. El objetivo educativo básico de las instituciones de educación superior debería ser, según el experto australiano, la facilitación explícita de un aprendizaje progresivo, reflexivo, crítico y transformador que lleva a una comprensión mucho mayor de la necesidad de paradigmas responsables para vivir, para ser y para transformarse, tanto a escala individual como colectiva.

 

 

El rol de la investigación
Hebe Vessuri, directora del Venezuelan Institute for Scientific Research sostiene que no se puede asegurar que la investigación y la educación superior son el camino más seguro hacia el desarrollo. En los países más débiles, con capacidades insuficientes y una infraestructura básica incorrecta, es decir, con instituciones políticas y sociales ineficientes e inestables, la educación superior, la ciencia y la tecnología no sólo han reducido las desigualdades sociales, sino que han aumentado las diferencias sociales y económicas entre los cultos y los ignorantes, dice Vessuri.

 

No obstante, esto no implica que los países pobres hayan de prescindir de la educación superior, o de la ciencia y tecnología, sino que la capacidad investigadora sin orientación ni supervisión social y aislada de otros componentes esenciales con responsabilidades sociales y morales, no puede satisfacer su potencial por mejorar la vida de las personas.

Para la profesora vezolana, la globalización, tal y como la conocemos hoy en día, es fundamentalmente asimétrica y, con sus beneficios y riesgos, funciona peor para los países y las instituciones en vías de desarrollo.

Las cifras que aporta Vessuri en sus reflexiones son lo suficiente clarificadoras: más del 80% de los recursos destinados a la ciencia y a las universidades el año 2000 se gastaron en el área de los países con más ingresos económicos. América del Norte y Europa combinan, juntamente, el 95 % de los doctorados del mundo. De estas dos regiones del mundo también provienen el 75 % de los artículos científicos. Por el contrario, tan sólo hay 94,3 investigadores científicos por cada millón de personas en los países menos desarrollados, comparados con los 313 que hay en países desarrollados y de los 3.728 de los países ricos.

"La negativa de la comunidad científica a asumir responsabilidades sociales no se puede seguir manteniendo, puesto que ha conducido a una ciencia que está fuera de control, conformista e inconsciente”, asegura Vessuri.

Como señala Charas Suwanwela, de la Chulalongkorn University, cada sociedad requiere diferentes formas de conocimiento e investigación. La contribución política y social del conocimiento debe tener en cuenta la singularidad de cada sociedad y su estadio de desarrollo. Las universidades de los países en vías de desarrollo deben crear su propia investigación competitiva, al mismo tiempo que sirvan como agentes fiables de la sociedad y para responder a sus necesidades, involucrándose responsablemente en las luchas por los derechos humanos y la justicia social.

Sheila Jasanoff, de la Harvard University's John F. Kennedy School of Government, subraya que en el siglo XXI debemos examinar críticamente y reflexionar sobre los avances de la ciencia y la tecnología. Las universidades también tienen el cometido de desarrollar los discursos críticos con qué las sociedades puedan reflexionar continuamente sobre la aplicación de los avances tecnocientíficos.

 

 

La vinculación social.
Rajesh Tandon, presidente de la Society for Participatory Research in Asia, explica que las interacciones de las instituciones de educación superior con la sociedad civil están poco desarrolladas y mal conceptualizadas. La ciudadanía y el gobierno democrático son los dos pilares del desarrollo humano y social, pero, dónde ha estado la educación superior en el discurso sobre el desarrollo humano y social durante las últimas cinco o seis décadas? Qué roles han llevado a cabo las instituciones de educación superior en los nuevos campos del desarrollo humano y social?

 

Algunas instituciones de educación superior han reaccionado ante estas oportunidades abriendo nuevos centros para el estudio del género y el medio ambiente, entre otras. Otras instituciones han empezado a enseñar estos temas en sus cursos de grado y postgrado, y también están las que han empezado a investigar sistemáticamente estas cuestiones emergentes relacionadas con el desarrollo humano. En cambio, en general, las instituciones de educación superior de todo el mundo no han sido capaces de ocuparse adecuadamente de estas preocupaciones cruciales, asegura Rajesh Tandon.

¿Por qué se ha dado una cierta desconexión entre las instituciones de educación superior y los problemas actuales del desarrollo humano y social? Hasta qué punto es cierta y a qué se debe la imagen de torre de marfil, alejada de la sociedad, que tienen las universidades? En este contexto, el concepto que se debate con más frecuencia es el de la extensión, entendida como la proyección de la universidad hacia la sociedad, a través de sus actividades tradicionales de formación e investigación.

Las instituciones de educación superior extienden sus conocimientos y experiencias entre las comunidades de su entorno con la intención de ayudar. Esta práctica es más común en América del Norte, donde los programas de servicio-aprendizaje comunitarios, colocan a los estudiantes en empresas o comunidades en las que trabajan en un periodo de tiempo determinado. Muchos estudiantes que participan en este programas opinan que los ayuda a adelantar en su carrera y formación profesional.

En muchos casos, las instituciones han trabajado aisladamente sin darse cuenta de qué surgían nuevas formas de conocimiento basadas en la práctica, especialmente en movimientos sociales, coaliciones de la seguridad civil y grupos de expertos que se han centrado en aspectos diversos del desarrollo humano y social. El principal reto al que se enfrentan las instituciones de educación superior es, según Tandon, el reconocimiento de otras fuentes de conocimiento contemporáneos y avanzadas sobre el desarrollo humano y social.

 

 

Desarrollo institucional

 

La profesora de la New York University, Teboho Moja, explica que las iniciativas del gobierno para reformar los sistemas de educación superior se centran en transformar las instituciones para que cubran las necesidades nacionales y hagan que sus países sean competitivos en un mundo global.

El reto para las instituciones consiste en encontrar equilibrio entre el esfuerzo dirigido al desarrollo económico y el dirigido al desarrollo humano y social, dice Moja. La misión fundamental de estas instituciones en la actualidad es cubrir las necesidades nacionales, pero en un marco de problemas graves como la pobreza, la degradación medioambiental, el terrorismo, las enfermedades y los conflictos nacionales continuos. Hacen falta, asegura Moja, estrategias más globales y para conseguirlo, las instituciones deben generar un nuevo tipo de intelectual, que sea capaz de abordar problemas globales.

Asimismo, hace falta que las instituciones de educación superior se impliquen en procesos que contribuyan a la pacificación y a la reducción de los conflictos, y los ofrezcan su apoyo mediante la generación y el suministro del conocimiento necesario sobre estas cuestiones, dice la experta.

En un mundo en el cual la globalización ha hecho del inglés la lengua predominante, el trabajo de las universidades por preservar las lenguas y culturas que representan es fundamental, y es poco probable que si no lo hacen las instituciones de educación superior, no lo llevará a cabo otro tipo de institución social, apunta la profesora Moja.

Desde otro punto de vista, el informe recoge las reflexiones de Deane Neubauer y Victor Muñoz, que plantean que, pese a los escenarios negativos, a lo largo de la historia se ha hecho evidente que las instituciones de educación superior tienen capacidad de adaptación a cambios sociales de gran alcance. La rápida globalización, dicen este dos autores, plantea a las universidades el desafío de si serán capaces de adaptarse.

 

 

Encuesta Delphi

 

El secretariado de la GUNI ha explorado las tendencias principales, las opiniones y temas emergentes de 214 expertos en educación superior, rectores de universidad, agentes decisivos y demás actores de la sociedad civil de 80 países sobre los nuevos retos y roles emergentes de la educación superior para el desarrollo humano y social de las regiones.

Los resultados de este estudio Delphi muestran que una amplia mayoría de expertos de todo el mundo coinciden en que la educación superior debe desarrollar un papel activo en relación al desarrollo humano y social. Entre los principales retos identificados como prioritarios se encuentran la reducción de pobreza, el desarrollo sostenible, la incorporación de pensamiento crítico y valores éticos al proceso de globalización, y la mejora de la gobernabilidad y la democracia participativa.

La mayor parte de las propuestas plantean la necesidad de mayor diálogo con el resto de la sociedad sobre qué universidad se quiere, de qué manera está adaptada localmente y que se entiende por su pertenencia social. Las medidas que emergen con más frecuencia se centran en la renovación curricular, la mejora de la formación del profesorado, de los mecanismos de financiación y de gobierno de las instituciones de educación superior, así como en la mejora de la calidad y de la equidad en el acceso a la educación superior que debe ser abierta a todo el mundo.

Los expertos coinciden en identificar la orientación hacia la competitividad en el ejercicio profesional como principal atributo adquirido en la actualidad por los estudiantes universitarios. En cambio, prevén que el principal atributo que adquirirá el alumnado en un futuro será la capacidad para la adaptación y aprovechamiento de entornos tecnológicamente cambiantes. Según las perspectivas que se observan actualmente, la multiculturalidad y la orientación hacia la innovación se sitúan entre los atributos que más probablemente se impulsarán en un futuro próximo.

Del mismo modo, se pone de manifiesto una preocupación entre los expertos por el futuro del rol de la universidad en una sociedad dónde, cada vez, más agentes están en posición de influir en la creación y diseminación del conocimiento. Los expertos plantean que la universidad debería abrir canales de diálogo y colaboración con otros sectores de la sociedad, especialmente con los nuevos agentes vinculados con la gestión de la información y el conocimiento, para poder garantizar el dominio público del conocimiento esencial para el desarrollo humano y social.

 

 

La Red Global de Innovación Universitaria GUNI

 

La Red Global de Innovación Universitaria (Global University Network for Innovation, GUNI) es una red de redes constituida por las Cátedras UNESCO y por centros especializados en investigación universitaria situados en cualquier parte del mundo. La GUNI fue creada por la UNESCO, la Universidad de las Naciones Unidas y la UPC, que acoge, desde su fundación, su secretariado. Su misión es contribuir a fortalecer la educación superior mediante la aplicación de las decisiones de la Conferencia Mundial sobre Educación Superior, celebrada en París el 1998.

Uno de los papeles principales que tiene la GUNI es funcionar como foro internacional de debate para proponer un enfoque global de los problemas e investigar las soluciones posibles, en cuanto que la educación superior constituye un medio esencial de desarrollo en una sociedad basada en el conocimiento. En este contexto, organiza la Conferencia Internacional de Barcelona sobre educación superior, que este año llega a la cuarta edición.

 


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